Gracias al constante cambio la vida toma vida y sigue su ciclo. El cambio de año y una clase de Yoga que he recibido esta mañana 2 de enero, me han hecho reflexionar sobre la importancia del relevo en la vida del ser humano, que es lo mismo que los brotes verdes para la naturaleza. Fuerza, savia renovada y vigor para seguir adelante.

Cuando el año nuevo llega crece la ilusión, la esperanza, se generan nuevas intenciones, oportunidades, y llega el momento de poner en práctica los nuevos propósitos: dejar de fumar, hacer Yoga, comer más sano, mejorar tus reacciones, tus relaciones, tener y generar más oportunidades personales, laborales… en definitiva, encontrarle mayor sentido a nuestra vida.

Llevado este concepto al ámbito de una escuela de Yoga que forma profesores, es donde surge la importancia de poner en práctica algunos de los principios que en ella se enseñan; ofrecer clases desde las personas que han acabado su formación con éxito.

El verdadero propósito de la enseñanza se logra cuando el alumno supera al maestro. Y el verdadero propósito del aprendizaje se alcanza cuando nos convertirnos en nuestro propio maestro. Superar al maestro significa haberlo entendido y amado lo suficiente para seguir sus pasos hasta volar en busca de los propios horizontes.

Cuando alguien decide formarse como profesor de Yoga es porque hay tras él o ella un impulso de vida generado por el amor, la motivación y la vocación sincera para dedicarse a la enseñanza del Yoga. Pero antes ha tenido que relevarse con su antiguo Yo y superarse a sí mismo.

En cierta ocasión mi maestro Hargobind dijo que el conocimiento está abierto a todos sea cual sea el campo de investigación, sin embargo, aquellos que se muestran rígidos en sus creencias, no sacan provecho a esa nueva oportunidad.  Nos decía que normalmente aprendemos los conocimientos básicos, justo lo necesario para salir adelante en nuestro trabajo o para poder funcionar en la familia o entorno social.

Puede que aprendamos como acatar órdenes, pero no aprendemos a valorarnos a nosotros mismos. Puede que aprendamos a compartir nuestro tiempo y a trabajar como equipo, pero no a entregar nuestro tiempo libremente desde el corazón. Raramente somos verdaderamente nosotros mismos y en cambio estamos siempre representando a la persona que hemos inventado. El aprendizaje como relevo de creencias, cambia todo esto. Cuando una persona se forma aprende sobre lo que es capaz de dar, sobre los nuevos recursos que tiene para ofrecer, y encuentra nuevas capacidades en su interior. En ese proceso de aprendizaje la textura de su carácter se hace más rica, expansiva y de mayor alcance, y el alumno aprende a confiar en lo que le ha sido revelado porque lo ha sentido en su interior, y se convierte en profesor y en un creyente de sí mismo y de lo que hace. ¿no es esto un auténtico relevo en sí mismo?

Por ello, debemos sentir como una gran oportunidad poder cambiar de profesor de Yoga de vez en cuando, porque ello es utilizar todo ese potencial que supone la diversidad de estilo, los diversos talentos y experiencias que trae consigo el nuevo profesor que sin duda beneficiará a todos. Molestarse porque no está tu profesor habitual en clase o ignorar a estos nuevos profesores que comienzan, es perder una gran oportunidad que la vida nos regala para enriquecernos con la diversidad y sobre la oportunidad de poder mirarnos a nosotros mismos, nuestros apegos, estancamientos y reacciones.

Cuando el profesor deposita la confianza en su alumno, es porque el alumno ha mostrado sobradamente su valía, sus aptitudes y su actitud. Confiar en él o en ella supone que gane en autoestima y crezca su responsabilidad. Pasa a ser guía de los alumnos que la vida le pone delante en su nuevo rol de profesor y con humildad entiende que siempre hay que ser aprendiz, que el cambio y la renovación son constantes. Como profesor pienso que es trabajo de todos ayudar a que aquellos valientes que empiezan algo por primera vez se superen a sí mismos y no tengan como tope al profesor que les enseñó.

Como asistentes a clases de Yoga podemos ayudar a que el nuevo profesor evolucione desde su propia individualidad, ya que su esencia puede ser otra distinta a la de su profesor. Todo ser es único, y el alumno tiene que buscar su camino, eso es lo que debemos inculcar con nuestra actitud, no la competencia ni la comparación con el profesor habitual.

Y como conclusión diría que alternativas hay muchas en la vida, y que más a menudo de lo que quisiéramos, estas alternativas tienden a confundirnos e incluso irritarnos; pero cuando una persona tiene un templo (como por ejemplo una escuela de Yoga) a la que ir para reflexionar y abrir su corazón, esa persona puede descubrir los secretos más profundos de la vida y los cambios que conlleva. Porque sólo cuando eres capaz de recordar las grandes verdades sobre ti mismo, puedes tener una idea de un panorama más amplio del mundo y todo lo que hay en él. Y es entonces cuando crece en ti la tolerancia y el respeto.

El maestro dijo, “Las sombras que observo son sólo la luz diciéndome que estoy avanzando o mostrándome donde he estado, así que permite que tu persona revele tu humanidad, tus virtudes, defectos y se refuerce la voluntad de dar lo mejor de lo que eres”.

Y cierro esta reflexión con una frase que resume todo lo expuesto.

“Hoy, es discípulo de ayer y maestro de mañana”.

¿No somos pues todos discípulos y maestros? Respetemonos entonces y que nuestro relevo de actitud para este nuevo año sea dar un voto de confianza a aquellos emprendedores que todavía no conocemos. Esto nos hará disfrutar de una amplia gama de colores y sabores.

Feliz 2018

Bendiciones.

Vicente M.S. GuruVir.